
HERRERA Ana Ruth, VORBECK Michael
La búsqueda de sociedades más pacíficas y el respeto a los derechos humanos ha sido un objetivo fundamental en distintas épocas, siendo esto aún más complejo en las relaciones entre personas de culturas diversas, con realidades económicas, culturales, sociales y experiencias de contextos muy distintos.
En las últimas décadas, la globalización y los movimientos migratorios han dado lugar a una sociedad multicultural, no necesariamente reconocida de manera expresa; dichos flujos migratorios se han incrementado aún más por causa de la pobreza, conflictos armados, desastres naturales, cambio climático, entre otros.
Esta situación requiere de su reconocimiento y énfasis en el respeto de valores comunes para una coexistencia pacífica, cohesión social, – sea cual sea el origen, raza, pertenencia ideológica, política, religiosa, etc. -, el desarrollo integral de las personas y de sus talentos (creativos, intelectuales, artísticos, deportivos, etc.), una visión histórica, cultural, global y humana, incluido el uso de nuevas tecnologías.

A veces las sociedades tienden a olvidar los efectos de las guerras y costos en vidas, a pesar de las lecciones de la historia y de que se han creado, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, organizaciones e instrumentos jurídicos para construir naciones y un mundo más pacífico, como lo son la Organización de las Naciones Unidas, el Consejo de Europa, la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, entre otros.
La globalización continuará y cada vez más las personas tendrán que hacer frente a problemas comunes a nivel internacional. Ello, requiere urgentemente de una dimensión multicultural y una dimensión educativa bajo tal perspectiva.
Al respecto, una educación multicultural no solamente sería formadora durante los primeros años de desarrollo de los individuos, sino que puede concebirse como constante en las subsecuentes etapas del ser humano, adaptada a las particularidades locales y las necesidades globales.


De hecho, la educación y el connatural derecho a la misma, constituye una herramienta esencial para lograr sociedades más ecuánimes y que propicie la mejor realización del ser humano -tomando en cuenta la naturaleza del mismo, su desarrollo, y su fin-. De tal manera, la educación como derecho está relacionada con otros derechos encaminados a dicho objetivo como lo es el derecho a la vida y a la integridad, el derecho a la dignidad, el derecho a la libertad, el derecho a la igualdad, etc. Incluso el derecho a la paz.




Esto, con apoyo en valores que permiten su realización con dicha óptica como lo es la tolerancia multicultural, conciencia de un patrimonio común, respeto, la empatía, la solidaridad, cohesión social, encaminados a la sensibilidad humana, con un slogan de unidad en la diversidad y uniendo esfuerzos para resolver los problemas en común de la humanidad.

